martes, 14 de abril de 2015
Conflictos de Pareja
Nadie sabe si existe la pareja ideal o si sólo es una ilusión que se desvanece con ell pasar del tiempo. Lo cierto es que muchas personas todavía se aferran a esta esperanza. Sabemos que cada vez hay menos tiempo para dedicarse a pensar sobre estas cuestiones, y mucho menos para disfrutar las horas libres con su pareja. Muchos matrimonios, sobretodo aquellos que ya llevan años de convivencia, parecen haber olvidado las diversiones que compartían en los años de noviazgo.
La realidad es que al comenzar la vida matrimonial cada integrante tiene una idea de cómo será su pareja. Este conjunto de creeencias está determinado por su cultura, educación familiar y otros factores. Sin embargo, todos sabemos que no existe un modelo de pareja ideal. Lo importante es que ambas partes encuentren lo que buscan en el otro. El problema reside en cómo se logra esto.
Es frecuente que se cometa el error de suponer qué piensa el otro, o fantasear sobre sus deseos, dando así paso a los malentendidos.
Saber escuchar es una pieza esencial en este ciclo. Es importante hacerlo en el momento adecuado, recordando siempre que la convivencia es una negociación en la que cada parte expone su parecer para encontrar una solución en común.
En ocasiones, cuando existen conflictos, ambos se enojan, se ponen tensos, volviéndose ciegos y sordos. Esto les impide percibir lo bueno de su relación. Sólo se fijan en las crisis, los desacuerdos, sumándole otro problema a la situación.
Otro tema importante es que en muchos casos se confunde el matrimonio con simbiosis. Teniendo la creencia que la pareja se fusiona, la persona tiene que compartir absolutamente todo y se pierde individualidad hasta llegar a tal punto que comienzan a asfixiarse mutuamente y van perdiendo identidad. Por esta razón, es vital saber diferenciar "lo tuyo, lo mío y lo nuestro". La autonomía e individualidad de cada uno debe ser mantenida en la relación, ya que en definitiva es el proyecto en común el que alimenta y sostiene al vínculo.
La rutina, ¿Cómo contrarrestarla?
La vida en pareja tiene su propio ritmo, y con el tiempo las conductas se van tornando en hábitos. Estos son útiles para la convivencia, ya que gracias a ellos no se debe estar constantemente pendiente de cómo se comportará la otra persona. Pero como todo en la vida, tienen sus desventajas. muchas veces los hábitos se transforman en rutina.
La rutina desgasta a la pareja porque se comienza a sentir que que no hay nada nuevo en el horizonte. Cuando se empieza a experimentar la relación como algo "rutinario", es necesario no preocuparse, porque existen ciertas actitudes y comportamientos que se pueden adoptar para contrarrestar esa sensación displacentera:
* Nunca dar por segura la relación. Mantener una actitud de conquista y seducción diaria.
* Compartir sus emociones y sentimientos con su pareja, y hablar acerca de ellos.
* Hacer concesiones y negociar cuando surjan discrepancias.
* Nunca dejar que los malentendidos se acumulen.
* Escuchar atentamente los reclamos de manera abierta y comprensiva, evitando una reacción defensiva y procurando el diálogo.
* Intentar mantener su propio espacio personal y sus propias aficiones y amistades. Satisfacer sus propias necesidades. Cuanto mejor ese está con uno mismo, mejor podrá estar con los demás.
* Respetar la intimidad de su pareja.
* Cuidar la intimidad de la pareja (viajar solos, sin hijos, ni amigos).
"tiempo muerto" para recomponerse y no para ver si el otro se calma.
2. Informar al otro claramente dónde va a estar y cuánto tiempo permanecerá en esa situación.
3. Hacer clara su disponibilidad para hablar del tema.
Expectativas insatisfechas: ¿Qué hacer con ellas?
Es fundamental explorar las expectativas mutuas acerca de la pareja para evitar que surjan conflictos ocultos. La mayoría de las veces que se dispara un conflicto sucede porque las creencias intimas de cada uno no han sido satisfechas.
Las expectativas juegan un papel fundamental en la formación de una pareja y se van formando a lo largo de la vida a partir de la influencia de la familia de origen, la cultura en la que se vive y las relaciones de pareja anteriores. Pueden funcionar como motor de conexión e intimidad con la pareja, pero también como fuente de frustración.
Existen tres pasos simples para poder manejarlas y así evitar enfrentamientos:
* Saber qué es lo que se espera del otro.
* Las expectativas tienen que ser razonables y realistas.
* Ser claro cuando se expresa lo que se espera del otro.
Muchas veces se da por sentado que la pareja sabe lo que el otro quiere y entonces uno no se molesta en explicarle. Pero es muy común que lo que se desea muchas veces no coincida con lo que el otro ofrece. Es frecuente escuchar a las parejas decir que cuando tienen que pedir es porque algo anda mal en la relación, y que el mismo hecho de pedir hace que pierda todo sentido. La verdad es que no se puede confiar en la adivinación de pensamiento de la otra persona. Cuando se pide algo y el otro responde le está demostrando amor y compromiso.
Cuando las expectativas de uno no son comprendidas por el otro, entonces los conflictos subyacentes emergen al instante. Uno se siente incomprendido porque el otro no supo descubrir lo que deseaba.
Es importante trabajar con las expectativas mutuas acerca de la relación para enfrentar los problemas de pareja como un equipo.
Para concluir, la pareja ideal se construye día a día, alimentándose en los lazos de la comunicación, el respeto mutuo y un proyecto común, aceptando que los conflictos son una pieza más de toda relación humana.
miércoles, 10 de agosto de 2011
(Matricula Nº35063)
*Psicoterapias Breves
*Depresión, Stress, Ansiedad, Duelos
*Pérdidas, Soledad
*Asesoramiento y Orientación a padres de Niños
y Adolescentes
*Orientación Vocacional-Laboral
*Adultos: Psicoterapia Individual y de Pareja
*Tercera Edad
*Honorarios Institucionales
TEL.:4574-5065
e-mail: deborarrom@hotmail.com
Publicado por Psicóloga(UBA)-Villa Pueyrredón-4574-5065
PSICOLOGOS Y PSIQUIATRAS
Recientemente en una entrevista radiofónica un psiquiatra respondía a las preguntas de un periodista acerca de los espectaculares datos referidos a los casos de depresión en nuestro país. De las respuestas del psiquiatra en cuestión cualquier persona poco versada en estos asuntos podía llegar a la conclusión de que para cada problema psicológico hay un tipo de pastillas.
No es una cuestión nueva ésta de los terrenos de la psiquiatría y de la psicoterapia. Aunque parecía un problema del pasado quizá convenga aclarar algunos conceptos de forma sencilla y clara para no confundir a la mayoría de la gente que de esto suele tener una idea ya de por sí bastante confusa. En primer lugar hay que considerar que los psiquiatras son médicos. Estudiaron medicina y su especialidad fue la psiquiatría. Por tanto, tienen un punto de vista físico de los problemas. Un psiquiatra analiza el trastorno, estudia los síntomas y aplica un tratamiento que suele ser químico (recetando pastillas fabricadas por un laboratorio farmaceútico de su confianza) aunque utilice también otros tratamientos.
El psicólogo no es un médico. Sus estudios universitarios se han centrado en otros aspectos aunque necesariamente haya debido estudiar la base física, con un cuidado especial por el sistema nervioso y los aspectos sensoriales. Al no ser médico no puede recetar medicamentos.
En una primera visión parece que el psiquiatra tiene un campo más específico y que los fármacos suponen un arma que el psicólogo no tiene, pero con un ejemplo podremos diferenciar bien sus tareas. Cuando una persona padece una depresión y acude al psiquiatra seguramente saldrá con una receta que aliviará sus síntomas y le permitirá desarrollar una vida cotidiana más normalizada.
El psicoterapeuta, sin embargo, centrará su atención en los aspectos existenciales que rodean a esa persona: trabajo, pareja, amigos, costumbres, creencias, valores, etc. buscando el orígen de su problema y los elementos sobre los que la persona habrá de actuar para lograr una recuperación satisfactoria y con pocas probabilidades de recaida. Todo esto no signuifica que cuando experimentemos trastornos psicológicos tengamos la opción de acudir a uno u otro profesional indistintamente según el gusto.
En general, los problemas que implican trastornos graves de la personalidad (la esquizofrenia, por ejemplo) han de ser tratados por el psiquiatra porque el psicólogo necesita para desarrollar su labor que el paciente tenga un cierto grado de control sobre sí mismo. Por el contrario, muchas depresiones, problemas de relación, pareja, timidez, etc. no serán solucionados con pastillas porque es necesario actuar no solo sobre la persona que los padece sino también sobre el entorno.
Estamos haciendo un esfuerzo de simplificación con la intención de poder ser comprendidos por cualquier persona, y eso siempre implica inexactitudes que esperamos sepan comprender los más entendidos. Pero para sintetizar diremos que hay problemas en los que el profesional adecuado es el psiquiatra; otros en los que es mejor recurrir al psicólogo y otros en los que se necesita la labor coordinada de ambos profesionales.
Lo que desde luego es desaconsejable desde todo punto de vista es la solución de quienes tratan de solucionar sus problemas a base de automedicación
jueves, 7 de octubre de 2010
(Matricula Nº35063)
*Psicoterapias Breves
*Depresión, Stress, Ansiedad, Duelos
*Pérdidas, Soledad
*Asesoramiento y Orientación a padres de Niños
y Adolescentes
*Orientación Vocacional-Laboral
*Adultos: Psicoterapia Individual y de Pareja
*Tercera Edad
*Honorarios Institucionales
TEL.:4574-5065
e-mail: deborarrom@hotmail.com
Conflictos de Familia
La familia es el marco que contiene a los miembros que crecen en ella. Se la concibe como un sistema abierto, como una totalidad. Cada uno de los miembros está íntimamente relacionado y, por lo tanto, la conducta de cada uno influirá en los demás.
Cuando la familia atraviesa un conflicto se encuentra sin dirección, está en un momento de desarmonía, desequilibrio, aparecen problemas que no fueron resueltos cuando aparecieron y que quedaron enterrados. El conflicto aparece cuando una situación de tensión presiona a la familia. Requiere ciertos cambios que no se pueden producir por una inflexibilidad o rigidez en ésta, o bien porque supera sus recursos. Las reglas y los roles de la familia se hacen confusos. Los valores y objetivos pierden importancia. Se ceden las expectativas y las prohibiciones.
Una crisis lleva a semejante estado y es necesario un cambio decisivo. Cada cambio implica una nueva adaptación.
Si bien un cambio sería importante, no todos los conflictos dan lugar a que éste se produzca. Esto dependerá de la familia. Siempre que se puede lograr y se hace en momentos de crisis.
Es importante que el cambio que se produzca sea un giro en las reglas que gobiernan el funcionamiento de la familia, es decir, un cambio en el modo de comportarse.
Cuando se piensa en la palabra "conflicto" inmediatamente aparece un sinónimo, "peligro" en la mente de la mayoría de las personas. Un problema, una crisis, son situaciones de peligro porque presentan acontecimientos poco habituales o desconocidas, conlleva la necesidad de un cambio y la consiguiente "pérdida" de algo, que puede empeorar las cosas. Pero al mismo tiempo brindan la oportunidad de crecer y aprender.
Los conflictos no son situaciones patológicas, sino momentos evolutivos, de crecimiento de la familia, que atraviesan todos los seres humanos. No obstante, hay crisis que se acarrean durante toda la vida y que pueden convertirse en disfuncionales si no se logra una solución o cambio favorable.
Un problema fundamental es que las familias no registren el problema, esto es lo que les impide conocer el modo de resolverlo. Por tal motivo se hace necesaria la concurrencia a una terapia familiar para lograr una resolución exitosa. El terapeuta podrá descubrir cosas que la familia no ha podido ver.
Como ejemplos de crisis podríamos citar: las situaciones de infidelidad, la entrada en la adolescencia de los hijos, la muerte de un miembro de la familia, también la pérdida de trabajo, un embarazo precoz de una hija, una mudanza, etc. Son infinitas las situaciones que causan conflictos dentro de la familia. Estas crisis son fundamentales y evolutivas.
Lo que resulta motivo de tensión en una casa, puede no serlo en otra. Dependerá del conflicto y de la vulnerabilidad de la familia a este estresor. Cada familia es única, tiene una historia irrepetible y cuenta con recursos y limitaciones propios de su identidad.
El dilema que plantea la crisis se a resolverá con éxito cuando se logren nuevas respuestas sin abandonar los viejos modelos familiares.
Cuando la familia atraviesa un conflicto se encuentra sin dirección, está en un momento de desarmonía, desequilibrio, aparecen problemas que no fueron resueltos cuando aparecieron y que quedaron enterrados. El conflicto aparece cuando una situación de tensión presiona a la familia. Requiere ciertos cambios que no se pueden producir por una inflexibilidad o rigidez en ésta, o bien porque supera sus recursos. Las reglas y los roles de la familia se hacen confusos. Los valores y objetivos pierden importancia. Se ceden las expectativas y las prohibiciones.
Una crisis lleva a semejante estado y es necesario un cambio decisivo. Cada cambio implica una nueva adaptación.
Si bien un cambio sería importante, no todos los conflictos dan lugar a que éste se produzca. Esto dependerá de la familia. Siempre que se puede lograr y se hace en momentos de crisis.
Es importante que el cambio que se produzca sea un giro en las reglas que gobiernan el funcionamiento de la familia, es decir, un cambio en el modo de comportarse.
Cuando se piensa en la palabra "conflicto" inmediatamente aparece un sinónimo, "peligro" en la mente de la mayoría de las personas. Un problema, una crisis, son situaciones de peligro porque presentan acontecimientos poco habituales o desconocidas, conlleva la necesidad de un cambio y la consiguiente "pérdida" de algo, que puede empeorar las cosas. Pero al mismo tiempo brindan la oportunidad de crecer y aprender.
Los conflictos no son situaciones patológicas, sino momentos evolutivos, de crecimiento de la familia, que atraviesan todos los seres humanos. No obstante, hay crisis que se acarrean durante toda la vida y que pueden convertirse en disfuncionales si no se logra una solución o cambio favorable.
Un problema fundamental es que las familias no registren el problema, esto es lo que les impide conocer el modo de resolverlo. Por tal motivo se hace necesaria la concurrencia a una terapia familiar para lograr una resolución exitosa. El terapeuta podrá descubrir cosas que la familia no ha podido ver.
Como ejemplos de crisis podríamos citar: las situaciones de infidelidad, la entrada en la adolescencia de los hijos, la muerte de un miembro de la familia, también la pérdida de trabajo, un embarazo precoz de una hija, una mudanza, etc. Son infinitas las situaciones que causan conflictos dentro de la familia. Estas crisis son fundamentales y evolutivas.
Lo que resulta motivo de tensión en una casa, puede no serlo en otra. Dependerá del conflicto y de la vulnerabilidad de la familia a este estresor. Cada familia es única, tiene una historia irrepetible y cuenta con recursos y limitaciones propios de su identidad.
El dilema que plantea la crisis se a resolverá con éxito cuando se logren nuevas respuestas sin abandonar los viejos modelos familiares.
Conflictos de Pareja
Nadie sabe si existe la pareja ideal o si sólo es una ilusión que se desvanece con ell pasar del tiempo. Lo cierto es que muchas personas todavía se aferran a esta esperanza. Sabemos que cada vez hay menos tiempo para dedicarse a pensar sobre estas cuestiones, y mucho menos para disfrutar las horas libres con su pareja. Muchos matrimonios, sobretodo aquellos que ya llevan años de convivencia, parecen haber olvidado las diversiones que compartían en los años de noviazgo.
La realidad es que al comenzar la vida matrimonial cada integrante tiene una idea de cómo será su pareja. Este conjunto de creeencias está determinado por su cultura, educación familiar y otros factores. Sin embargo, todos sabemos que no existe un modelo de pareja ideal. Lo importante es que ambas partes encuentren lo que buscan en el otro. El problema reside en cómo se logra esto.
Es frecuente que se cometa el error de suponer qué piensa el otro, o fantasear sobre sus deseos, dando así paso a los malentendidos.
Saber escuchar es una pieza esencial en este ciclo. Es importante hacerlo en el momento adecuado, recordando siempre que la convivencia es una negociación en la que cada parte expone su parecer para encontrar una solución en común.
En ocasiones, cuando existen conflictos, ambos se enojan, se ponen tensos, volviéndose ciegos y sordos. Esto les impide percibir lo bueno de su relación. Sólo se fijan en las crisis, los desacuerdos, sumándole otro problema a la situación.
Otro tema importante es que en muchos casos se confunde el matrimonio con simbiosis. Teniendo la creencia que la pareja se fusiona, la persona tiene que compartir absolutamente todo y se pierde individualidad hasta llegar a tal punto que comienzan a asfixiarse mutuamente y van perdiendo identidad. Por esta razón, es vital saber diferenciar "lo tuyo, lo mío y lo nuestro". La autonomía e individualidad de cada uno debe ser mantenida en la relación, ya que en definitiva es el proyecto en común el que alimenta y sostiene al vínculo.
La rutina, ¿Cómo contrarrestarla?
La vida en pareja tiene su propio ritmo, y con el tiempo las conductas se van tornando en hábitos. Estos son útiles para la convivencia, ya que gracias a ellos no se debe estar constantemente pendiente de cómo se comportará la otra persona. Pero como todo en la vida, tienen sus desventajas. muchas veces los hábitos se transforman en rutina.
La rutina desgasta a la pareja porque se comienza a sentir que que no hay nada nuevo en el horizonte. Cuando se empieza a experimentar la relación como algo "rutinario", es necesario no preocuparse, porque existen ciertas actitudes y comportamientos que se pueden adoptar para contrarrestar esa sensación displacentera:
* Nunca dar por segura la relación. Mantener una actitud de conquista y seducción diaria.
* Compartir sus emociones y sentimientos con su pareja, y hablar acerca de ellos.
* Hacer concesiones y negociar cuando surjan discrepancias.
* Nunca dejar que los malentendidos se acumulen.
* Escuchar atentamente los reclamos de manera abierta y comprensiva, evitando una reacción defensiva y procurando el diálogo.
* Intentar mantener su propio espacio personal y sus propias aficiones y amistades. Satisfacer sus propias necesidades. Cuanto mejor ese está con uno mismo, mejor podrá estar con los demás.
* Respetar la intimidad de su pareja.
* Cuidar la intimidad de la pareja (viajar solos, sin hijos, ni amigos).
"tiempo muerto" para recomponerse y no para ver si el otro se calma.
2. Informar al otro claramente dónde va a estar y cuánto tiempo permanecerá en esa situación.
3. Hacer clara su disponibilidad para hablar del tema.
Expectativas insatisfechas: ¿Qué hacer con ellas?
Es fundamental explorar las expectativas mutuas acerca de la pareja para evitar que surjan conflictos ocultos. La mayoría de las veces que se dispara un conflicto sucede porque las creencias intimas de cada uno no han sido satisfechas.
Las expectativas juegan un papel fundamental en la formación de una pareja y se van formando a lo largo de la vida a partir de la influencia de la familia de origen, la cultura en la que se vive y las relaciones de pareja anteriores. Pueden funcionar como motor de conexión e intimidad con la pareja, pero también como fuente de frustración.
Existen tres pasos simples para poder manejarlas y así evitar enfrentamientos:
* Saber qué es lo que se espera del otro.
* Las expectativas tienen que ser razonables y realistas.
* Ser claro cuando se expresa lo que se espera del otro.
Muchas veces se da por sentado que la pareja sabe lo que el otro quiere y entonces uno no se molesta en explicarle. Pero es muy común que lo que se desea muchas veces no coincida con lo que el otro ofrece. Es frecuente escuchar a las parejas decir que cuando tienen que pedir es porque algo anda mal en la relación, y que el mismo hecho de pedir hace que pierda todo sentido. La verdad es que no se puede confiar en la adivinación de pensamiento de la otra persona. Cuando se pide algo y el otro responde le está demostrando amor y compromiso.
Cuando las expectativas de uno no son comprendidas por el otro, entonces los conflictos subyacentes emergen al instante. Uno se siente incomprendido porque el otro no supo descubrir lo que deseaba.
Es importante trabajar con las expectativas mutuas acerca de la relación para enfrentar los problemas de pareja como un equipo.
Para concluir, la pareja ideal se construye día a día, alimentándose en los lazos de la comunicación, el respeto mutuo y un proyecto común, aceptando que los conflictos son una pieza más de toda relación humana.
La realidad es que al comenzar la vida matrimonial cada integrante tiene una idea de cómo será su pareja. Este conjunto de creeencias está determinado por su cultura, educación familiar y otros factores. Sin embargo, todos sabemos que no existe un modelo de pareja ideal. Lo importante es que ambas partes encuentren lo que buscan en el otro. El problema reside en cómo se logra esto.
Es frecuente que se cometa el error de suponer qué piensa el otro, o fantasear sobre sus deseos, dando así paso a los malentendidos.
Saber escuchar es una pieza esencial en este ciclo. Es importante hacerlo en el momento adecuado, recordando siempre que la convivencia es una negociación en la que cada parte expone su parecer para encontrar una solución en común.
En ocasiones, cuando existen conflictos, ambos se enojan, se ponen tensos, volviéndose ciegos y sordos. Esto les impide percibir lo bueno de su relación. Sólo se fijan en las crisis, los desacuerdos, sumándole otro problema a la situación.
Otro tema importante es que en muchos casos se confunde el matrimonio con simbiosis. Teniendo la creencia que la pareja se fusiona, la persona tiene que compartir absolutamente todo y se pierde individualidad hasta llegar a tal punto que comienzan a asfixiarse mutuamente y van perdiendo identidad. Por esta razón, es vital saber diferenciar "lo tuyo, lo mío y lo nuestro". La autonomía e individualidad de cada uno debe ser mantenida en la relación, ya que en definitiva es el proyecto en común el que alimenta y sostiene al vínculo.
La rutina, ¿Cómo contrarrestarla?
La vida en pareja tiene su propio ritmo, y con el tiempo las conductas se van tornando en hábitos. Estos son útiles para la convivencia, ya que gracias a ellos no se debe estar constantemente pendiente de cómo se comportará la otra persona. Pero como todo en la vida, tienen sus desventajas. muchas veces los hábitos se transforman en rutina.
La rutina desgasta a la pareja porque se comienza a sentir que que no hay nada nuevo en el horizonte. Cuando se empieza a experimentar la relación como algo "rutinario", es necesario no preocuparse, porque existen ciertas actitudes y comportamientos que se pueden adoptar para contrarrestar esa sensación displacentera:
* Nunca dar por segura la relación. Mantener una actitud de conquista y seducción diaria.
* Compartir sus emociones y sentimientos con su pareja, y hablar acerca de ellos.
* Hacer concesiones y negociar cuando surjan discrepancias.
* Nunca dejar que los malentendidos se acumulen.
* Escuchar atentamente los reclamos de manera abierta y comprensiva, evitando una reacción defensiva y procurando el diálogo.
* Intentar mantener su propio espacio personal y sus propias aficiones y amistades. Satisfacer sus propias necesidades. Cuanto mejor ese está con uno mismo, mejor podrá estar con los demás.
* Respetar la intimidad de su pareja.
* Cuidar la intimidad de la pareja (viajar solos, sin hijos, ni amigos).
"tiempo muerto" para recomponerse y no para ver si el otro se calma.
2. Informar al otro claramente dónde va a estar y cuánto tiempo permanecerá en esa situación.
3. Hacer clara su disponibilidad para hablar del tema.
Expectativas insatisfechas: ¿Qué hacer con ellas?
Es fundamental explorar las expectativas mutuas acerca de la pareja para evitar que surjan conflictos ocultos. La mayoría de las veces que se dispara un conflicto sucede porque las creencias intimas de cada uno no han sido satisfechas.
Las expectativas juegan un papel fundamental en la formación de una pareja y se van formando a lo largo de la vida a partir de la influencia de la familia de origen, la cultura en la que se vive y las relaciones de pareja anteriores. Pueden funcionar como motor de conexión e intimidad con la pareja, pero también como fuente de frustración.
Existen tres pasos simples para poder manejarlas y así evitar enfrentamientos:
* Saber qué es lo que se espera del otro.
* Las expectativas tienen que ser razonables y realistas.
* Ser claro cuando se expresa lo que se espera del otro.
Muchas veces se da por sentado que la pareja sabe lo que el otro quiere y entonces uno no se molesta en explicarle. Pero es muy común que lo que se desea muchas veces no coincida con lo que el otro ofrece. Es frecuente escuchar a las parejas decir que cuando tienen que pedir es porque algo anda mal en la relación, y que el mismo hecho de pedir hace que pierda todo sentido. La verdad es que no se puede confiar en la adivinación de pensamiento de la otra persona. Cuando se pide algo y el otro responde le está demostrando amor y compromiso.
Cuando las expectativas de uno no son comprendidas por el otro, entonces los conflictos subyacentes emergen al instante. Uno se siente incomprendido porque el otro no supo descubrir lo que deseaba.
Es importante trabajar con las expectativas mutuas acerca de la relación para enfrentar los problemas de pareja como un equipo.
Para concluir, la pareja ideal se construye día a día, alimentándose en los lazos de la comunicación, el respeto mutuo y un proyecto común, aceptando que los conflictos son una pieza más de toda relación humana.
miércoles, 5 de mayo de 2010
AFRONTAR LA ENFERMEDAD
Todo trastorno o enfermedad debe considerarse como un fenómeno simultáneamente biológico, psicológico y social. Se deben descartar las hipótesis que plantean que lo biológico o genético tiene mayor preponderancia sobre lo psicológico o a la inversa: que lo psicológico predomina por sobre lo biológico.
Partiendo desde esta perspectiva el planteo de que toda enfermedad física puede ser abordada con tratamiento psicológico y médico presupone un abordaje multidisciplinario y brinda, de acuerdo a los resultados de varias investigaciones, mejores posibilidades de recuperación y adaptación a la enfermedad.
El tratamiento psicológico para pacientes enfermos tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y la adaptación tanto de la persona enferma como de los miembros de su familia a la enfermedad.
Es importante considerar y evaluar el estilo de afrontamiento y el nivel de ajuste o adaptación propio ante la enfermedad. Por estilo de afrontamiento se entiende el conjunto de habilidades y competencias que posee la persona para manejar situaciones estresantes o problemáticas. Por ejemplo, las personas con un estilo de afrontamiento evitativo, ante el diagnóstico de la enfermedad serán proclives a callar o negar todo lo que a ella respecta, además evitarán informarse sobre los procedimientos quirúrgicos o pasos del tratamiento. Quien tenga un estilo de afrontamiento más activo procurará leer la mayor cantidad de información posible y acosará a los especialistas con preguntas.
En la vida diaria se observa que hay personas que parecen ser más capaces que otras para enfrentar ciertos problemas. Generalmente se dice que son "más fuertes", "más capaces". Pero la verdad es que esta habilidad se aprende. La propuesta de esta sección es enseñarle a enfrentar la enfermedad como una problema más de la vida diaria y para ello el punto de partida es una actitud proactiva, optimista y sobretodo competente.
El estilo de afrontamiento y el nivel de adaptación a la enfermedad depende en gran medida:
* del grado de patología,
* de la etapa del ciclo vital,
* de los efectos de los tratamientos
* del nivel y modo de información que reciba,
* del apoyo social y recursos ambientales,
* así como de las competencias del paciente para hacer frente al estrés y la disponibilidad de tratamiento psicológico.
Modos en que la enfermedad afecta al cuerpo
* Dolor o malestar.
* Discapacidad.
* Estética.
* Cambios anatómicos.
* Limitaciones funcionales.
* Fatiga.
* Debilidad.
Objetivos que uno debe proponerse:
* Aliviar los síntomas de la enfermedad y el malestar emocional.
* Expresar los propios sentimientos. Aceptando que es normal la aparición de reacciones negativas como la ira, depresión o sentimientos de vulnerabilidad como parte de toda situación estresante.
* Hacer el duelo por las pérdidas en cuanto a planes, y funcionamiento físico. Establecer nuevas metas realistas.
* Intentar seguir el mismo estilo de vida antes de la aparición de la enfermedad. Maximizar la calidad de vida. Planificar el uso del tiempo y reorganizarlo en función de las actividades cotidianas incorporando los tratamientos necesarios. Aprender a convivir con la enfermedad.
* O cambiar ciertas actividades cotidianas. Muchas personas tienen que aceptar que deben relegar varias tareas o que simplemente deben dejar algunas e intentar reemplazarlas por otras. Por ejemplo, las personas acostumbradas a una actividad deportiva exigente probablemente se vean obligadas a reemplazarla por otras de tipo más tranquilo.
* Muchos se ven obligados a pedir licencia o dejar sus trabajos. Esto contribuye a disminuir sus autoestima y las hace aun más vulnerables a la enfermedad. Tal vez sea el momento para dedicarse a lo que siempre han querido, pero nunca tuvieron tiempo. Clases de pintura, cerámica, manualidades y yoga son recomendadas, así como también la asistencia a distintos cursos de especialización en su profesión. La adquisición de nuevos intereses y nuevos talentos ayuda a atravesar la etapa de la enfermedad.
* Comprender el propio estilo de afrontamiento frente a situaciones estresantes. Tomar las decisiones más adecuadas con respecto al tratamiento.
* Aumentar la sensación de control sobre la propia vida. La creencia de que uno puede luchar contar su enfermedad y no permitirle que tome control de su vida es parecido a pelear contra un enemigo. Para poder ganar es necesario poder creer que uno puede ganar. Los deportistas suelen prepararse física y mentalmente para competir. Y esto es justamente lo que se necesita para superar una enfermedad y muchos lo llaman: espíritu de lucha. Acepte el diagnóstico, pero desafíe el pronóstico.
* Preservar las relaciones sociales.
* Es importante el cuidado de la imagen corporal, dado que la mayoría de las personas que atraviesan serias enfermedades tienden a dejar de cuidar su aspecto, o éste se ve alterado por una intervención quirúrgica. Esto repercute aun más en su estado de ánimo y su autoestima. Es muy probable que su mal aspecto les dificulte la interacción con los demás y perjudique una fuente de apoyo. Las personas enfermas tienden a aislarse socialmente. Mejorar su imagen así como su funcionamiento autónomo e independiente es de suma importancia.
Consecución de objetivos
* Para conseguir felicidad y salud es necesario proponerse y conseguir objetivos que satisfagan las necesidades propias. Luchar para conseguir estos objetivos equivale a afirmar que cada uno ha de encargarse de su propia vida, en lugar de dejar que la vida se encargue de cada cual.
Partiendo desde esta perspectiva el planteo de que toda enfermedad física puede ser abordada con tratamiento psicológico y médico presupone un abordaje multidisciplinario y brinda, de acuerdo a los resultados de varias investigaciones, mejores posibilidades de recuperación y adaptación a la enfermedad.
El tratamiento psicológico para pacientes enfermos tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y la adaptación tanto de la persona enferma como de los miembros de su familia a la enfermedad.
Es importante considerar y evaluar el estilo de afrontamiento y el nivel de ajuste o adaptación propio ante la enfermedad. Por estilo de afrontamiento se entiende el conjunto de habilidades y competencias que posee la persona para manejar situaciones estresantes o problemáticas. Por ejemplo, las personas con un estilo de afrontamiento evitativo, ante el diagnóstico de la enfermedad serán proclives a callar o negar todo lo que a ella respecta, además evitarán informarse sobre los procedimientos quirúrgicos o pasos del tratamiento. Quien tenga un estilo de afrontamiento más activo procurará leer la mayor cantidad de información posible y acosará a los especialistas con preguntas.
En la vida diaria se observa que hay personas que parecen ser más capaces que otras para enfrentar ciertos problemas. Generalmente se dice que son "más fuertes", "más capaces". Pero la verdad es que esta habilidad se aprende. La propuesta de esta sección es enseñarle a enfrentar la enfermedad como una problema más de la vida diaria y para ello el punto de partida es una actitud proactiva, optimista y sobretodo competente.
El estilo de afrontamiento y el nivel de adaptación a la enfermedad depende en gran medida:
* del grado de patología,
* de la etapa del ciclo vital,
* de los efectos de los tratamientos
* del nivel y modo de información que reciba,
* del apoyo social y recursos ambientales,
* así como de las competencias del paciente para hacer frente al estrés y la disponibilidad de tratamiento psicológico.
Modos en que la enfermedad afecta al cuerpo
* Dolor o malestar.
* Discapacidad.
* Estética.
* Cambios anatómicos.
* Limitaciones funcionales.
* Fatiga.
* Debilidad.
Objetivos que uno debe proponerse:
* Aliviar los síntomas de la enfermedad y el malestar emocional.
* Expresar los propios sentimientos. Aceptando que es normal la aparición de reacciones negativas como la ira, depresión o sentimientos de vulnerabilidad como parte de toda situación estresante.
* Hacer el duelo por las pérdidas en cuanto a planes, y funcionamiento físico. Establecer nuevas metas realistas.
* Intentar seguir el mismo estilo de vida antes de la aparición de la enfermedad. Maximizar la calidad de vida. Planificar el uso del tiempo y reorganizarlo en función de las actividades cotidianas incorporando los tratamientos necesarios. Aprender a convivir con la enfermedad.
* O cambiar ciertas actividades cotidianas. Muchas personas tienen que aceptar que deben relegar varias tareas o que simplemente deben dejar algunas e intentar reemplazarlas por otras. Por ejemplo, las personas acostumbradas a una actividad deportiva exigente probablemente se vean obligadas a reemplazarla por otras de tipo más tranquilo.
* Muchos se ven obligados a pedir licencia o dejar sus trabajos. Esto contribuye a disminuir sus autoestima y las hace aun más vulnerables a la enfermedad. Tal vez sea el momento para dedicarse a lo que siempre han querido, pero nunca tuvieron tiempo. Clases de pintura, cerámica, manualidades y yoga son recomendadas, así como también la asistencia a distintos cursos de especialización en su profesión. La adquisición de nuevos intereses y nuevos talentos ayuda a atravesar la etapa de la enfermedad.
* Comprender el propio estilo de afrontamiento frente a situaciones estresantes. Tomar las decisiones más adecuadas con respecto al tratamiento.
* Aumentar la sensación de control sobre la propia vida. La creencia de que uno puede luchar contar su enfermedad y no permitirle que tome control de su vida es parecido a pelear contra un enemigo. Para poder ganar es necesario poder creer que uno puede ganar. Los deportistas suelen prepararse física y mentalmente para competir. Y esto es justamente lo que se necesita para superar una enfermedad y muchos lo llaman: espíritu de lucha. Acepte el diagnóstico, pero desafíe el pronóstico.
* Preservar las relaciones sociales.
* Es importante el cuidado de la imagen corporal, dado que la mayoría de las personas que atraviesan serias enfermedades tienden a dejar de cuidar su aspecto, o éste se ve alterado por una intervención quirúrgica. Esto repercute aun más en su estado de ánimo y su autoestima. Es muy probable que su mal aspecto les dificulte la interacción con los demás y perjudique una fuente de apoyo. Las personas enfermas tienden a aislarse socialmente. Mejorar su imagen así como su funcionamiento autónomo e independiente es de suma importancia.
Consecución de objetivos
* Para conseguir felicidad y salud es necesario proponerse y conseguir objetivos que satisfagan las necesidades propias. Luchar para conseguir estos objetivos equivale a afirmar que cada uno ha de encargarse de su propia vida, en lugar de dejar que la vida se encargue de cada cual.
martes, 6 de abril de 2010
La Autoestima
Una forma clara de entender el concepto de autoestima es la que plantea Branden (1993), correspondiente a "una sensación fundamental de eficacia y un sentido inherente de mérito", y lo explica nuevamente como la suma integrada de confianza y de respeto hacia sí mismo. Se lo puede diferenciar de autoconcepto y de sí-mismo, en que el primero atañe al pensamiento o idea que la persona tiene internalizada acerca de sí misma como tal; mientras que el sí-mismo comprende aquel espacio y tiempo en que el Yo se reconoce en las experiencias vitales de importancia que le identifican en propiedad, algo así como el "mi".
El punto de partida para que un niño disfrute de la vida, inicie y mantenga relaciones positivas con los demás, sea autónomo y capaz de aprender, se encuentra en la valía personal de sí mismo o autoestima. Hablar de autoestima es hablar de percepciones, pero también de emociones fuertemente arraigadas en el individuo. El concepto encierra no sólo un conjunto de características que definen a un sujeto, si no además, el significado y la valoración que éste consciente o inconscientemente le otorga.
La comprensión que el individuo logra de sí mismo -por ejemplo, de que es sociable, eficiente y flexible- está en asociación con una o más emociones respecto de tales atributos. A partir de una determinada edad (3 a 5 años) el niño recibe opiniones, apreciaciones y -por qué no decirlo- críticas, a veces destructivas o infundadas, acerca de su persona o de sus actuaciones. Su primer bosquejo de quién es él proviene, entonces, desde afuera, de la realidad intersubjetiva. No obstante, durante la infancia, los niños no pueden hacer la distinción de objetividad y subjetividad. Todo lo que oyen acerca de sí mismos y del mundo constituye realidad única. El juicio "este chico siempre ha sido enfermizo y torpe" llega en forma definitiva, como una verdad irrefutable, más que como una apreciación rebatible. La conformación de la autoestima se inicia con estos primeros esbozos que el niño recibe, principalmente, de las figuras de apego, las más significativas a su temprana edad. La opinión "niño maleducado" si es dicha por los padres en forma recurrente, indiscriminada y se acompaña de gestos que enfatizan la descalificación, tendrá una profunda resonancia en la identidad del pequeño.
En la composición de la valía personal o autoestima hay un aspecto fundamental que dice relación con los afectos o emociones. Resulta que el menor se siente más o menos confortable con la imagen de sí mismo. Puede agradarle, sentir miedo, experimentar rabia o entristecerlo, pero en definitiva y, sea cual sea, presentará automáticamente una respuesta emocional congruente con esa percepción de sí mismo. Tal es el componente de "valía", "valoración" o "estimación" propia. En forma muy rudimentaria el niño está consciente de poseer -quiéralo o no- un determinado carácter o personalidad y eso no pasa inadvertido, le provoca una sensación de mayor o menor disconfort. Inclusive, es más factible que él identifique muy claramente el desagrado que le provoca el saberse "tímido", sin tener clara idea de qué significa exactamente eso. Sólo sabe que no le gusta o que es malo.
Sólo en la adolescencia, a partir de los 11 años aproximadamente, con la instauración del pensamiento formal, el joven podrá conceptualizar su sensación de placer o displacer, adoptando una actitud de distancia respecto de lo que experimenta, testeando la fidelidad de los rasgos que él mismo, sus padres o su familia le han conferido de su imagen personal.
Siendo la identidad un tema central de esta etapa, el adolescente explorará quién es y querrá responderse en forma consciente a preguntas sobre su futuro y su lugar en el mundo. La crisis emergente tendrá un efecto devastador si el joven ha llegado hasta aquí con una deficiente o baja valoración personal. La obtención de una valoración positiva de sí mismo, que opera en forma automática e inconsciente, permite en el niño un desarrollo psicológico sano, en armonía con su medio circundante y, en especial, en su relación con los demás. En la situación contraria, el adolescente no hallará un terreno propicio -el concerniente a su afectividad- para aprender, enriquecer sus relaciones y asumir mayores responsabilidades.
Corresponde a la necesidad de saberse alguien particular y especial, aunque tenga muchas cosas parecidas a sus hermanos u otros amigos. La noción de singularidad implica también, espacio para que el niño se exprese a su manera, pero sin sobrepasar a los demás. La condición de singularidad también entraña el respeto que los demás le manifiestan y que será para él un parámetro de la seriedad con que lo consideran. Otra característica, que promueve la singularidad, se relaciona con el incentivo a la imaginación. El hecho de permitirle crear e inventar le sirve para reconocer lo distinto que puede ser su aporte, fomenta su flexibilidad y la valoración de sus propias habilidades.
La ausencia o distorsión de cualquiera de estas condicionantes repercutirá en la manera en que el adulto se verá a sí mismo y a los demás. La carencia de pautas en el individuo conllevará al desinterés, a la desadaptación, a actuar en forma irresponsable y en base a valores difusos. La falta de poder instigará la dependencia, el sentimiento de inferioridad y la inseguridad. Las relaciones que el individuo buscará establecer tendrán una connotación de sumisión y/o arbitrariedad, pues querrá obtener el mayor control al mínimo esfuerzo. El adulto que se vio limitado en su demanda de singularidad, presentará notorias inhibiciones en su contacto social, será poco flexible y exacerbado en su afán de perfeccionismo. La escasa o nula vinculación se manifestará como una actitud de resentimiento, falta de generosidad, narcisismo y/o una marcada desconfianza hacia los demás.
No obstante, estas condicionantes distan de transformarse en reglas. En el fenómeno de la resiliencia, Kotliarenco (1994), plantea que existen casos de niños que a pesar de crecer rodeados de un medio con factores de riesgo social y de vivir permanentemente en situaciones de estrés, logran no adaptarse a los modelos de su medio y, contra todo pronóstico, llegan a tener una vida saludable, alcanzan metas académicas, realización personal y logros económicos. Algunos autores han explicado este proceso con la presencia de una condicionante básica: la afectividad. El hecho de que estos niños reciban cariño incondicional de al menos una persona, puede ser un factor de intervención positiva que altera el curso del desarrollo, protegiendo a estos menores de la agresión ambiental.
En el mejor de los casos, la presencia de las condicionantes en el lecho familiar permitirá un desarrollo pujante que se completará en forma sucesiva -más que simultáneamente- gracias a la cooperación de otros agentes de vital importancia, como son el grupo de amigos o pandilla, las primeras relaciones afectivas con el sexo opuesto, el colegio y otras instituciones o agrupaciones de referencia. Así, al final del proceso encontraremos a un adulto íntegro que reúne una serie de atributos de no fácil detección. En la gestualidad, la expresión y los movimientos de este adulto se observa armonía y felicidad. Los logros y fracasos son expuestos de la misma manera, directa y francamente. Están abiertos a recibir críticas, pues son flexibles y les interesa obtener el mayor provecho de las posibilidades que le ofrece la vida. El adulto con autoestima positiva es capaz de trabajar incesantemente por los objetivos que se ha planteado, es consciente, a la vez responsable de sus actos. En él está presente la espontaneidad, se alegra de recibir expresiones de cariño, mientras que nada lo limita a ofrecer sus propias manifestaciones de afecto.
El punto de partida para que un niño disfrute de la vida, inicie y mantenga relaciones positivas con los demás, sea autónomo y capaz de aprender, se encuentra en la valía personal de sí mismo o autoestima. Hablar de autoestima es hablar de percepciones, pero también de emociones fuertemente arraigadas en el individuo. El concepto encierra no sólo un conjunto de características que definen a un sujeto, si no además, el significado y la valoración que éste consciente o inconscientemente le otorga.
La comprensión que el individuo logra de sí mismo -por ejemplo, de que es sociable, eficiente y flexible- está en asociación con una o más emociones respecto de tales atributos. A partir de una determinada edad (3 a 5 años) el niño recibe opiniones, apreciaciones y -por qué no decirlo- críticas, a veces destructivas o infundadas, acerca de su persona o de sus actuaciones. Su primer bosquejo de quién es él proviene, entonces, desde afuera, de la realidad intersubjetiva. No obstante, durante la infancia, los niños no pueden hacer la distinción de objetividad y subjetividad. Todo lo que oyen acerca de sí mismos y del mundo constituye realidad única. El juicio "este chico siempre ha sido enfermizo y torpe" llega en forma definitiva, como una verdad irrefutable, más que como una apreciación rebatible. La conformación de la autoestima se inicia con estos primeros esbozos que el niño recibe, principalmente, de las figuras de apego, las más significativas a su temprana edad. La opinión "niño maleducado" si es dicha por los padres en forma recurrente, indiscriminada y se acompaña de gestos que enfatizan la descalificación, tendrá una profunda resonancia en la identidad del pequeño.
En la composición de la valía personal o autoestima hay un aspecto fundamental que dice relación con los afectos o emociones. Resulta que el menor se siente más o menos confortable con la imagen de sí mismo. Puede agradarle, sentir miedo, experimentar rabia o entristecerlo, pero en definitiva y, sea cual sea, presentará automáticamente una respuesta emocional congruente con esa percepción de sí mismo. Tal es el componente de "valía", "valoración" o "estimación" propia. En forma muy rudimentaria el niño está consciente de poseer -quiéralo o no- un determinado carácter o personalidad y eso no pasa inadvertido, le provoca una sensación de mayor o menor disconfort. Inclusive, es más factible que él identifique muy claramente el desagrado que le provoca el saberse "tímido", sin tener clara idea de qué significa exactamente eso. Sólo sabe que no le gusta o que es malo.
Sólo en la adolescencia, a partir de los 11 años aproximadamente, con la instauración del pensamiento formal, el joven podrá conceptualizar su sensación de placer o displacer, adoptando una actitud de distancia respecto de lo que experimenta, testeando la fidelidad de los rasgos que él mismo, sus padres o su familia le han conferido de su imagen personal.
Siendo la identidad un tema central de esta etapa, el adolescente explorará quién es y querrá responderse en forma consciente a preguntas sobre su futuro y su lugar en el mundo. La crisis emergente tendrá un efecto devastador si el joven ha llegado hasta aquí con una deficiente o baja valoración personal. La obtención de una valoración positiva de sí mismo, que opera en forma automática e inconsciente, permite en el niño un desarrollo psicológico sano, en armonía con su medio circundante y, en especial, en su relación con los demás. En la situación contraria, el adolescente no hallará un terreno propicio -el concerniente a su afectividad- para aprender, enriquecer sus relaciones y asumir mayores responsabilidades.
Corresponde a la necesidad de saberse alguien particular y especial, aunque tenga muchas cosas parecidas a sus hermanos u otros amigos. La noción de singularidad implica también, espacio para que el niño se exprese a su manera, pero sin sobrepasar a los demás. La condición de singularidad también entraña el respeto que los demás le manifiestan y que será para él un parámetro de la seriedad con que lo consideran. Otra característica, que promueve la singularidad, se relaciona con el incentivo a la imaginación. El hecho de permitirle crear e inventar le sirve para reconocer lo distinto que puede ser su aporte, fomenta su flexibilidad y la valoración de sus propias habilidades.
La ausencia o distorsión de cualquiera de estas condicionantes repercutirá en la manera en que el adulto se verá a sí mismo y a los demás. La carencia de pautas en el individuo conllevará al desinterés, a la desadaptación, a actuar en forma irresponsable y en base a valores difusos. La falta de poder instigará la dependencia, el sentimiento de inferioridad y la inseguridad. Las relaciones que el individuo buscará establecer tendrán una connotación de sumisión y/o arbitrariedad, pues querrá obtener el mayor control al mínimo esfuerzo. El adulto que se vio limitado en su demanda de singularidad, presentará notorias inhibiciones en su contacto social, será poco flexible y exacerbado en su afán de perfeccionismo. La escasa o nula vinculación se manifestará como una actitud de resentimiento, falta de generosidad, narcisismo y/o una marcada desconfianza hacia los demás.
No obstante, estas condicionantes distan de transformarse en reglas. En el fenómeno de la resiliencia, Kotliarenco (1994), plantea que existen casos de niños que a pesar de crecer rodeados de un medio con factores de riesgo social y de vivir permanentemente en situaciones de estrés, logran no adaptarse a los modelos de su medio y, contra todo pronóstico, llegan a tener una vida saludable, alcanzan metas académicas, realización personal y logros económicos. Algunos autores han explicado este proceso con la presencia de una condicionante básica: la afectividad. El hecho de que estos niños reciban cariño incondicional de al menos una persona, puede ser un factor de intervención positiva que altera el curso del desarrollo, protegiendo a estos menores de la agresión ambiental.
En el mejor de los casos, la presencia de las condicionantes en el lecho familiar permitirá un desarrollo pujante que se completará en forma sucesiva -más que simultáneamente- gracias a la cooperación de otros agentes de vital importancia, como son el grupo de amigos o pandilla, las primeras relaciones afectivas con el sexo opuesto, el colegio y otras instituciones o agrupaciones de referencia. Así, al final del proceso encontraremos a un adulto íntegro que reúne una serie de atributos de no fácil detección. En la gestualidad, la expresión y los movimientos de este adulto se observa armonía y felicidad. Los logros y fracasos son expuestos de la misma manera, directa y francamente. Están abiertos a recibir críticas, pues son flexibles y les interesa obtener el mayor provecho de las posibilidades que le ofrece la vida. El adulto con autoestima positiva es capaz de trabajar incesantemente por los objetivos que se ha planteado, es consciente, a la vez responsable de sus actos. En él está presente la espontaneidad, se alegra de recibir expresiones de cariño, mientras que nada lo limita a ofrecer sus propias manifestaciones de afecto.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Adicto a Internet
Es evidente que Internet está produciendo un rápido cambio en las costumbres y modos de vida de las personas, ya que en cierto sentido está modificando la forma en que nos relacionamos unos con otros.
Diversos estudios ,al respecto, encontrando que un gran uso de Internet estaba asociado con un decremento en la comunicación con los miembros de la familia en el hogar, un decremento en el tamaño de su círculo social y un incremento en su depresión y soledad.
La relación entre un alto uso de Internet y el incremento en los niveles de depresión ha aparecido en varios estudios. Sin embargo, existe aún mucha controversia sobre si la depresión es la causa o el efecto de la adicción a Internet. Según Pratarelli y cols. (1999), se produce un ciclo en el que la soledad y la depresión alimentan el uso del ordenador/Internet, y esto lleva a una mayor soledad y depresión. Esto se explicaría por una conducta compensatoria según la cual la actividad de los usuarios se incrementa a medida que aumentan sus sentimiento de incomunicación.
El medio en el que se desenvuelve la adicción acarrea también una serie de cambios psicológicos negativos, consistentes en alteraciones del humor, ansiedad o impaciencia por la lentitud de las conexiones o por no encontrar lo que se busca o a quien se busca, estado de conciencia alterado (total focalización atencional), irritabilidad en caso de interrupción, incapacidad para salirse de la pantalla, etc.
Uno de los aspectos que diferencian a una adicción psicológica de una adicción química es que la primera no tiene las terribles consecuencias físicas negativas que puede tener esta última. Aun así, en el caso de la adicción a Internet también se han señalado alguna consecuencia, sobre todo las derivadas de la privación de sueño , que se produce por la inhabilidad del adicto a cortar la conexión, permaneciendo despierto hasta altas horas de la madrugada, lo cual podría dar lugar a fatiga, debilitación del sistema inmunitario y un deterioro de la salud.
Los problemas surgidos de la dependencia trascienden el ámbito de lo intrapersonal. Desde un punto de vista sistémico, los efectos negativos de la adicción se expresan en los ámbitos familiar, académico y profesional . El adicto se aísla del entorno y no presta atención a otros aspectos de las obligaciones sociales . Los motivos que llevan a caer en la dependencia son muy variados. La soledad, la inseguridad, problemas sentimentales, de trabajo, el aburrimiento por falta de otras actividades, desórdenes psíquicos como depresiones, complejos o neurosis son sólo algunas de las muchas causantes de la adicción, no solo a Internet, sino también al alcohol, las drogas y a otra forma de huir de la realidad: la televisión.
El proceso por el cual una persona se convierte en adicto es siempre una interacción de factores relativos al objeto de la adicción, a las características de la persona que la hacen vulnerable y al entorno social. Los intentos de determinar las causas de la adicción a Internet deben de tener en cuenta que la conducta problema se desarrolla en un contexto virtual que no tiene por que seguir las leyes del mundo real.
Las relaciones sociales son algo que resulta reforzante para la mayoría de las personas, sin embargo la mayoría de las veces no tenemos libre acceso a ellas por el límite que impone la sociedad o nosotros mismos. En las salas de chat se rompen todas esas reglas, una persona puede dirigirse a otra, decir lo que se le antoje, sentirse escuchada... y dejar de hacerlo cuando le apetezca, sin represalias.
La adicción a Internet como cualquier otra adición cultural o social puede asimilarse en muchos aspectos a la adicción a sustancias . Algunas personas que utilizan Internet de forma abusiva, casi exclusiva y descontrolada e interfiriendo con su vida social y/ o laboral y/ o y abandonando otras actividades, pueden generar una adicción a Internet . En la adicción al sexo en Internet es fácil hallar signos y evidencias de adicción tanto a Internet como a la búsqueda de estímulos sexuales en la red para realizar las propias fantasías o conductas relevantes en el trastorno.
Diversos estudios ,al respecto, encontrando que un gran uso de Internet estaba asociado con un decremento en la comunicación con los miembros de la familia en el hogar, un decremento en el tamaño de su círculo social y un incremento en su depresión y soledad.
La relación entre un alto uso de Internet y el incremento en los niveles de depresión ha aparecido en varios estudios. Sin embargo, existe aún mucha controversia sobre si la depresión es la causa o el efecto de la adicción a Internet. Según Pratarelli y cols. (1999), se produce un ciclo en el que la soledad y la depresión alimentan el uso del ordenador/Internet, y esto lleva a una mayor soledad y depresión. Esto se explicaría por una conducta compensatoria según la cual la actividad de los usuarios se incrementa a medida que aumentan sus sentimiento de incomunicación.
El medio en el que se desenvuelve la adicción acarrea también una serie de cambios psicológicos negativos, consistentes en alteraciones del humor, ansiedad o impaciencia por la lentitud de las conexiones o por no encontrar lo que se busca o a quien se busca, estado de conciencia alterado (total focalización atencional), irritabilidad en caso de interrupción, incapacidad para salirse de la pantalla, etc.
Uno de los aspectos que diferencian a una adicción psicológica de una adicción química es que la primera no tiene las terribles consecuencias físicas negativas que puede tener esta última. Aun así, en el caso de la adicción a Internet también se han señalado alguna consecuencia, sobre todo las derivadas de la privación de sueño , que se produce por la inhabilidad del adicto a cortar la conexión, permaneciendo despierto hasta altas horas de la madrugada, lo cual podría dar lugar a fatiga, debilitación del sistema inmunitario y un deterioro de la salud.
Los problemas surgidos de la dependencia trascienden el ámbito de lo intrapersonal. Desde un punto de vista sistémico, los efectos negativos de la adicción se expresan en los ámbitos familiar, académico y profesional . El adicto se aísla del entorno y no presta atención a otros aspectos de las obligaciones sociales . Los motivos que llevan a caer en la dependencia son muy variados. La soledad, la inseguridad, problemas sentimentales, de trabajo, el aburrimiento por falta de otras actividades, desórdenes psíquicos como depresiones, complejos o neurosis son sólo algunas de las muchas causantes de la adicción, no solo a Internet, sino también al alcohol, las drogas y a otra forma de huir de la realidad: la televisión.
El proceso por el cual una persona se convierte en adicto es siempre una interacción de factores relativos al objeto de la adicción, a las características de la persona que la hacen vulnerable y al entorno social. Los intentos de determinar las causas de la adicción a Internet deben de tener en cuenta que la conducta problema se desarrolla en un contexto virtual que no tiene por que seguir las leyes del mundo real.
Las relaciones sociales son algo que resulta reforzante para la mayoría de las personas, sin embargo la mayoría de las veces no tenemos libre acceso a ellas por el límite que impone la sociedad o nosotros mismos. En las salas de chat se rompen todas esas reglas, una persona puede dirigirse a otra, decir lo que se le antoje, sentirse escuchada... y dejar de hacerlo cuando le apetezca, sin represalias.
La adicción a Internet como cualquier otra adición cultural o social puede asimilarse en muchos aspectos a la adicción a sustancias . Algunas personas que utilizan Internet de forma abusiva, casi exclusiva y descontrolada e interfiriendo con su vida social y/ o laboral y/ o y abandonando otras actividades, pueden generar una adicción a Internet . En la adicción al sexo en Internet es fácil hallar signos y evidencias de adicción tanto a Internet como a la búsqueda de estímulos sexuales en la red para realizar las propias fantasías o conductas relevantes en el trastorno.
lunes, 7 de diciembre de 2009
La Adopción:
¿Qué sucede ante el proceso de adopción?(Copete):
¿Cuándo, cómo y qué informar?
Es común que ante el surgimiento del lenguaje en el niño, se complique su relación con los padres, ya que surge la posibilidad de que aparezca la frase temida: "Ustedes son mis padres".
Actualmente se sostiene la teoría que hay que informarle al niño de su origen sólo cuando él pregunta. Cuando el niño interroga acerca de su nacimiento, lo más probable es que haya sido estimulado por el nacimiento del hermanito de algún compañerito del jardín, o por la aparición de algún niño en la familia. Se puede decir que lo que hace el niño es compararse.
Si bien no se trata de convertir el diálogo en una iniciación ritual, tampoco es un tema para trasmitirlo de cualquier modo y en cualquier lugar.
Nota:
Si bien la adopción es una decisión conjunta entre la pareja, cada uno de los integrantes acepta un compromiso y una parte de la responsabilidad. La adopción implica una tarea compartida de la crianza del hijo.
Es importante esta aclaración, porque muchas veces es un miembro de la pareja el que toma la decisión de adoptar, y el otro acompaña en la decisión sin comprometerse realmente con ella. Es común que en la práctica se presenten madres adoptivas como únicas responsables de la crianza de su hijo.
Que cada uno de los integrantes de la pareja tome la decisión y la responsabilidad de la adopción, es el inicio de una decisión de ser padre y madre de la adopción. Pero el camino es más largo, e implica que ambos construyan un "Nosotros adoptamos" que refiera un compromiso en la crianza.
Es habitual escuchar la palabra "duelo". El duelo es un proceso normal y esperable frente a la pérdida de alguien o algo muy querido.
La desilusión producida por la imposibilidad de concebir un hijo en el seno de la familia conduce a un proceso de duelo. Una vez elaborado la pareja comienza a pensar en otra forma de concretar la maternidad y la paternidad, adoptando un chico.
Este proceso de duelo hasta el proyecto de la adopción, conviene que no sea inmediato, porque es un momento de muchas tensiones, angustias, ansiedades, dudas y tristezas. Es necesario un cierto tiempo de elaboración, ya que cuando una pareja decide adoptar y se compromete con este proyecto es necesario renunciar al hijo biológico.
Cuando los miembros de la pareja pueden entusiasmarse con el proyecto de "tener hijos", aunque "no puedan hacerlos", va surgiendo el deseo de adoptar. El deseo de adoptar un hijo es el producto de una desilusión y se construye complejamente.
La maternidad y la paternidad se relacionan con una situación que despierta deseos, intensos sentimientos, expectativas, y dudas. El hijo por venir comienza a construirse en la fantasía con un rostro y cualidades que se imaginan como repetición y mejora de las propias. Es en este momento donde surgen muchas preguntas como, ¿Cómo será el niño?, ¿Seremos iguales o peores que nuestros padres?
Existe un clima previo a la adopción saturado por lo que se piensa y se imagina. Al decidir se necesita incorporar a un niño en la vida de pareja. Aquí es cuando se presentan suposiciones acerca de los reproductores del bebé que ellos adoptarán.
Por otra parte, la madre que ha concebido al niño también realiza suposiciones de quien se hará cargo de éste. Las suposiciones previas a la adopción por parte de los adoptantes y por parte de quienes entregan al bebé, se conjuntan; y el niño las unificará y articulará en sus propios sentidos.
El desconocimiento mutuo entre reproductores y adoptantes genera un "lugar" en la familia, una zona cuya lógica está regulada por la convivencia imaginaria entre reproductores y los adoptantes. Es en éste lugar donde se transforma en hijo al niño abandonado.
Para los adoptantes preocupados por ser una familia como todas, las atribuciones preferidas circulan alrededor de su concepción de orden y el deber. Los adoptantes no ignoran que hubo algo antes que ellos, por lo tanto ellos serán los encargados de poner orden en representación de la ley y el deber. Proponen una vigilancia extrema sobre ellos mismos, diciéndose contantemente: "Cuidado, no vayamos a parecernos a ellos".
Atribuirle cualidades y desearlo como hijo exige procesar culturalmente y emocionalmente hechos traumáticos derivados del origen del niño. Esto no resulta complicado durante el primer año de vida, pero una vez adquirido el lenguaje puede desembocar en situaciones complejas ante sus preguntas.
A su vez, también el niño tiene que atribuir características a los padres. En este aspecto, adoptivos y adoptantes se asemejan. Los padres esperan que se atribuyan una serie de virtudes que descuentan poseer, y a su vez atribuyen al niño méritos que, infieren, no heredaron de otros.
Es probable que surja en éste momento la pregunta de cuánto se tarda en querer al hijo adoptado. Autores como Eva Giberti, proponen que una cosa es el querer en función volitiva (que compromete la voluntad de una persona): lo quiere porque es el hijo, sabe que debe quererlo y se espera que sea así. Los padres esperan que desde ellos emerja dicho sentimiento.
Otra cosa es desear que esa criatura, nacida en el vientre de una mujer desconocida y abandonada o cedida en adopción, se convierta en un representante de uno, que lo trascienda y que lleve el propio apellido.
Amar a un hijo consiste en una extraña y complejísima combinación que incluye el querer y el desear. Se puede querer a un niño sin que ello signifique desearlo como hijo.
¿Cuándo, cómo y qué informar?
Es común que ante el surgimiento del lenguaje en el niño, se complique su relación con los padres, ya que surge la posibilidad de que aparezca la frase temida: "Ustedes son mis padres".
Actualmente se sostiene la teoría que hay que informarle al niño de su origen sólo cuando él pregunta. Cuando el niño interroga acerca de su nacimiento, lo más probable es que haya sido estimulado por el nacimiento del hermanito de algún compañerito del jardín, o por la aparición de algún niño en la familia. Se puede decir que lo que hace el niño es compararse.
Si bien no se trata de convertir el diálogo en una iniciación ritual, tampoco es un tema para trasmitirlo de cualquier modo y en cualquier lugar.
Nota:
Si bien la adopción es una decisión conjunta entre la pareja, cada uno de los integrantes acepta un compromiso y una parte de la responsabilidad. La adopción implica una tarea compartida de la crianza del hijo.
Es importante esta aclaración, porque muchas veces es un miembro de la pareja el que toma la decisión de adoptar, y el otro acompaña en la decisión sin comprometerse realmente con ella. Es común que en la práctica se presenten madres adoptivas como únicas responsables de la crianza de su hijo.
Que cada uno de los integrantes de la pareja tome la decisión y la responsabilidad de la adopción, es el inicio de una decisión de ser padre y madre de la adopción. Pero el camino es más largo, e implica que ambos construyan un "Nosotros adoptamos" que refiera un compromiso en la crianza.
Es habitual escuchar la palabra "duelo". El duelo es un proceso normal y esperable frente a la pérdida de alguien o algo muy querido.
La desilusión producida por la imposibilidad de concebir un hijo en el seno de la familia conduce a un proceso de duelo. Una vez elaborado la pareja comienza a pensar en otra forma de concretar la maternidad y la paternidad, adoptando un chico.
Este proceso de duelo hasta el proyecto de la adopción, conviene que no sea inmediato, porque es un momento de muchas tensiones, angustias, ansiedades, dudas y tristezas. Es necesario un cierto tiempo de elaboración, ya que cuando una pareja decide adoptar y se compromete con este proyecto es necesario renunciar al hijo biológico.
Cuando los miembros de la pareja pueden entusiasmarse con el proyecto de "tener hijos", aunque "no puedan hacerlos", va surgiendo el deseo de adoptar. El deseo de adoptar un hijo es el producto de una desilusión y se construye complejamente.
La maternidad y la paternidad se relacionan con una situación que despierta deseos, intensos sentimientos, expectativas, y dudas. El hijo por venir comienza a construirse en la fantasía con un rostro y cualidades que se imaginan como repetición y mejora de las propias. Es en este momento donde surgen muchas preguntas como, ¿Cómo será el niño?, ¿Seremos iguales o peores que nuestros padres?
Existe un clima previo a la adopción saturado por lo que se piensa y se imagina. Al decidir se necesita incorporar a un niño en la vida de pareja. Aquí es cuando se presentan suposiciones acerca de los reproductores del bebé que ellos adoptarán.
Por otra parte, la madre que ha concebido al niño también realiza suposiciones de quien se hará cargo de éste. Las suposiciones previas a la adopción por parte de los adoptantes y por parte de quienes entregan al bebé, se conjuntan; y el niño las unificará y articulará en sus propios sentidos.
El desconocimiento mutuo entre reproductores y adoptantes genera un "lugar" en la familia, una zona cuya lógica está regulada por la convivencia imaginaria entre reproductores y los adoptantes. Es en éste lugar donde se transforma en hijo al niño abandonado.
Para los adoptantes preocupados por ser una familia como todas, las atribuciones preferidas circulan alrededor de su concepción de orden y el deber. Los adoptantes no ignoran que hubo algo antes que ellos, por lo tanto ellos serán los encargados de poner orden en representación de la ley y el deber. Proponen una vigilancia extrema sobre ellos mismos, diciéndose contantemente: "Cuidado, no vayamos a parecernos a ellos".
Atribuirle cualidades y desearlo como hijo exige procesar culturalmente y emocionalmente hechos traumáticos derivados del origen del niño. Esto no resulta complicado durante el primer año de vida, pero una vez adquirido el lenguaje puede desembocar en situaciones complejas ante sus preguntas.
A su vez, también el niño tiene que atribuir características a los padres. En este aspecto, adoptivos y adoptantes se asemejan. Los padres esperan que se atribuyan una serie de virtudes que descuentan poseer, y a su vez atribuyen al niño méritos que, infieren, no heredaron de otros.
Es probable que surja en éste momento la pregunta de cuánto se tarda en querer al hijo adoptado. Autores como Eva Giberti, proponen que una cosa es el querer en función volitiva (que compromete la voluntad de una persona): lo quiere porque es el hijo, sabe que debe quererlo y se espera que sea así. Los padres esperan que desde ellos emerja dicho sentimiento.
Otra cosa es desear que esa criatura, nacida en el vientre de una mujer desconocida y abandonada o cedida en adopción, se convierta en un representante de uno, que lo trascienda y que lleve el propio apellido.
Amar a un hijo consiste en una extraña y complejísima combinación que incluye el querer y el desear. Se puede querer a un niño sin que ello signifique desearlo como hijo.
miércoles, 28 de octubre de 2009
El Amor
Desde los primeros días de vida, el ser humano necesita de otro. Para el hombre no es bueno estar solo. Esta necesidad se plantea a nivel físico, emocional e intelectual. El sentimiento ilusorio de que para uno es bueno estar solo es un mal síntoma.
En la definición de amor se encuentran varios aspectos importantes como:
El amor como una necesidad de presencia física y de apoyo emocional del ser amado.
El amor como un sentimiento de procuración y responsabilidad por el ser amado.
El amor como el deseo de un contacto cercano y confidencial compartiendo ciertos pensamientos y sentimientos con el ser humano amado, de un modo más completo que con cualquier otra persona.
Amor como "la preocupación activa por la vida y el crecimiento de aquello que amamos, como un arte que requiere conocimiento y esfuerzo", concepción de Erich Fromm.
Es necesario diferenciar el amor de la compañía. La compañía se refiere al afecto que se experimenta con aquellos con los que se siente que nuestra vida esta profundamente entrelazada, los cuales pueden ser por ejemplo amigos íntimos o a su vez la pareja. A diferencia de esto, el amor romántico y pasional, se refiere a un estado de intensa abstracción con el otro, lo que incluye un estado de intensa excitación fisiológica.
El estar enamorado estaría relacionado con el deseo de mantener intimidad con el objeto amado. Una persona que es capas de dar y recibir amor con un mínimo de miedo, ansiedad y de conflicto posee la capacidad para desarrollar relaciones íntimas genuinas con otra persona. La intimidad es lo que caracteriza al amor maduro. En este tipo de relación amorosa el sexo funciona como un catalizador. los valores del amor sexual como una expansión de la propia auto conciencia, la experiencia de ternura, un incremento de la autoafirmación y del orgullo y a veces incluso la sensación de fusión total. Dentro de este marco, el amor y el sexo se refuerzan mutuamente
Las personas perciben sus sentimientos acerca de los demás en términos de utilidades, es decir, que entre mayor sea la recompensa y menor el costo, mayor serán las utilidades y la atracción.
Las interacciones entre personas son costosas, requieren tiempo, energía, compromiso, y pueden abarcar emociones y experiencias displacenteras y así, lo que se obtiene debe superar lo que se pone en ellas.
En respuesta al estímulo amoroso se desencadena una catarata de reacciones químicas. El cerebro libera neurotrasmisores en regiones determinadas. Así se produce la propagación de distintas sustancias como las endorfinas y la serotonina, que a su vez produce en los enamorados un estado de bienestar anímico, psíquico y orgánico. Las catecolaminas producen un aumento de la actividad motriz y la feniletilamina eleva el nivel de energía física y la lucidez. Por último, las endorfinas actúan como calmantes naturales, son las responsables de la sensación de sosiego.
Pero para bien o para mal este estado de enamoramiento en el que el otro aparece como ideal comienza a desfigurarse y uno se enfrenta con la realidad de que el otro no puede tenerlo todo, y además cada quien vuelve a interesarse por sus cosas.
Los biólogos llegan a la misma conclusión estudiando las hormonas: si el estado de gracia inicial es tan fulminante como efímero, los romances que se profundizan con el tiempo producen otras sustancias químicas que explicarían esa placidez que se observa cuando se deja de vivir en ascuas. Varias investigaciones han demostrado que la presencia constante de un compañero hace que aumente progresivamente en el cerebro la producción de endorfinas. Que, en contraste con las euforizantes anfetaminas, estas sustancias son sedantes, calmantes anturale sque dan a los amantes una sensación de seguridad, de paz, de alegría y de sosiego.
Por lo tanto lo que caracteriza las relaciones duraderas e importantes es que todas son recompensantes, es decir, que proporcionan seguridad, diversión, felicidad, alegría, compañerismo, y muchas veces es probable que también se reconozca que puedan ser complejas, demandantes, e inestables.
En la definición de amor se encuentran varios aspectos importantes como:
El amor como una necesidad de presencia física y de apoyo emocional del ser amado.
El amor como un sentimiento de procuración y responsabilidad por el ser amado.
El amor como el deseo de un contacto cercano y confidencial compartiendo ciertos pensamientos y sentimientos con el ser humano amado, de un modo más completo que con cualquier otra persona.
Amor como "la preocupación activa por la vida y el crecimiento de aquello que amamos, como un arte que requiere conocimiento y esfuerzo", concepción de Erich Fromm.
Es necesario diferenciar el amor de la compañía. La compañía se refiere al afecto que se experimenta con aquellos con los que se siente que nuestra vida esta profundamente entrelazada, los cuales pueden ser por ejemplo amigos íntimos o a su vez la pareja. A diferencia de esto, el amor romántico y pasional, se refiere a un estado de intensa abstracción con el otro, lo que incluye un estado de intensa excitación fisiológica.
El estar enamorado estaría relacionado con el deseo de mantener intimidad con el objeto amado. Una persona que es capas de dar y recibir amor con un mínimo de miedo, ansiedad y de conflicto posee la capacidad para desarrollar relaciones íntimas genuinas con otra persona. La intimidad es lo que caracteriza al amor maduro. En este tipo de relación amorosa el sexo funciona como un catalizador. los valores del amor sexual como una expansión de la propia auto conciencia, la experiencia de ternura, un incremento de la autoafirmación y del orgullo y a veces incluso la sensación de fusión total. Dentro de este marco, el amor y el sexo se refuerzan mutuamente
Las personas perciben sus sentimientos acerca de los demás en términos de utilidades, es decir, que entre mayor sea la recompensa y menor el costo, mayor serán las utilidades y la atracción.
Las interacciones entre personas son costosas, requieren tiempo, energía, compromiso, y pueden abarcar emociones y experiencias displacenteras y así, lo que se obtiene debe superar lo que se pone en ellas.
En respuesta al estímulo amoroso se desencadena una catarata de reacciones químicas. El cerebro libera neurotrasmisores en regiones determinadas. Así se produce la propagación de distintas sustancias como las endorfinas y la serotonina, que a su vez produce en los enamorados un estado de bienestar anímico, psíquico y orgánico. Las catecolaminas producen un aumento de la actividad motriz y la feniletilamina eleva el nivel de energía física y la lucidez. Por último, las endorfinas actúan como calmantes naturales, son las responsables de la sensación de sosiego.
Pero para bien o para mal este estado de enamoramiento en el que el otro aparece como ideal comienza a desfigurarse y uno se enfrenta con la realidad de que el otro no puede tenerlo todo, y además cada quien vuelve a interesarse por sus cosas.
Los biólogos llegan a la misma conclusión estudiando las hormonas: si el estado de gracia inicial es tan fulminante como efímero, los romances que se profundizan con el tiempo producen otras sustancias químicas que explicarían esa placidez que se observa cuando se deja de vivir en ascuas. Varias investigaciones han demostrado que la presencia constante de un compañero hace que aumente progresivamente en el cerebro la producción de endorfinas. Que, en contraste con las euforizantes anfetaminas, estas sustancias son sedantes, calmantes anturale sque dan a los amantes una sensación de seguridad, de paz, de alegría y de sosiego.
Por lo tanto lo que caracteriza las relaciones duraderas e importantes es que todas son recompensantes, es decir, que proporcionan seguridad, diversión, felicidad, alegría, compañerismo, y muchas veces es probable que también se reconozca que puedan ser complejas, demandantes, e inestables.
domingo, 27 de septiembre de 2009
El estrés y la Calidad de vida
Aunque comúnmente se considere al estrés como algo perjudicial, la vida sin estrés sería monótona y aburrida.
El estrés transformado en fuerza creadora puede ser fuente de motivación y paso previo a la concreción de metas.
Igualmente, demasiados estímulos estresores pueden intervenir seriamente en el funcionamiento efectivo de las habilidades de un individuo.
NOTA:
El agente desencadenante del estrés es un elemento que atenta contra el equilibrio del organismo, incrementando la necesidad de reequilibrarse.
La manera en que el organismo responde es estereotipada, automática y refleja, mediante la cuál el organismo se prepara para atacar o huir. Es la manera que tiene el organismo de protegerse del peligro. Tanto si los acontecimientos son agradables como displacenteros, o si el peligro es real o imaginario, el organismo responderá de la misma manera (preparándose para el ataque o fuga), provocando las siguientes respuestas fisiológicas:
# descarga de adrenalina,
# aceleración de la respiración,
# sequedad bucal,
# aumento en el ritmo cardíaco y de la presión sanguínea,
# sudoración,
# tensión muscular,
# dilatación de las pupilas,
# aumento de la actividad hormonal.
Hoy en día, debido a estar insertos en una sociedad con reglas de convivencia establecidas, las situaciones estresantes no pueden ser resueltas directamente y, por lo tanto, no se puede liberar la tensión física, acumulándose y provocando los síntomas fisiológicos relacionados con el estrés.
Que una persona sufra de estrés implica que el mismo es excesivo, al igual que el esfuerzo que necesita realizar el organismo para sobreponerse al nivel de resistencia que posee para el mismo. El estrés siempre provocará síntomas fisiológicos, independientemente de que sus factores sean psicológicos.
Los problemas que acarrea el sufrir niveles excesivos de estrés por períodos de corta duración, considerables.
Según estudios recientes el estrés:
# debilita el sistema inmunológico,
# aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y cáncer,
# influencia nuestro ánimo y nuestro funcionamiento,
# distorsiona el ciclo normal del sueño,
# contribuye al desarrollo de disfunciones sexuales,
# destruye las relaciones interpersonales,
# produce una sensación general de insatisfacción.
En cambio, si por un largo tiempo se padece de estrés elevado, los efectos pueden ser más severos:
# Fatiga y agotamiento
# Depresión
# Cansancio extremo
# Colapso nervioso
El estrés puede ser causado por el estilo de vida o de trabajo de cada uno, como por el medio que nos rodea y hasta la comida y bebida que ingerimos.
Entre las fuentes del estrés se encuentran:
# Estrés por instinto de conservación.
# Estrés debido a la ansiedad.
# Estrés ambiental.
# Estrés por trabajo y estilo de vida.
# Estrés debido a fatiga y por trabajo en exceso.
Otros aspectos de la personalidad que pueden causar estrés son el perfeccionismo por sus altos estándares imposibles de alcanzar; debido a que una constante atención hacia los demás lleva al propio displacer cuando nadie se fija en las necesidades de esa persona.
La incertidumbre puede causar altos niveles de estrés, como por ej.:el no saber que deparará el futúro, no tener planos definidos en una carrera, no saber que se quiere,o que piensan los demás de uno .
Al estar bajo estrés, cualquier problema pequeño suele ser percibido como difícil e intimidante. Naturalmente, esto alimenta al estrés, haciendo ver a los problemas como peores, y así sucesivamente.
En todos estos casos, junto con la falta de información pueden afectar la capacidad de ejecución
El arte del enfrentamiento del estrés es lograr mantenerse a un nivel de estímulo que sea placentero y saludable para uno mismo.
La toma de conciencia es un proceso por el cual, uno se detiene a observar sus propios pensamientos para darse cuenta de lo que ocurre en la mente durante un momento de alto nivel de estrés.
El tomar conciencia es el primer paso para lograr eliminarlos.
Ante un problema avasallador conviene verlo desde distintos ángulos, ver si se puede aprender algo de esta situación.
Por lo cual la Psicoterapia efectiva para estos casos es la terapia individual,cuyo tratamiento resulta ser simple y confidencial.
El estrés transformado en fuerza creadora puede ser fuente de motivación y paso previo a la concreción de metas.
Igualmente, demasiados estímulos estresores pueden intervenir seriamente en el funcionamiento efectivo de las habilidades de un individuo.
NOTA:
El agente desencadenante del estrés es un elemento que atenta contra el equilibrio del organismo, incrementando la necesidad de reequilibrarse.
La manera en que el organismo responde es estereotipada, automática y refleja, mediante la cuál el organismo se prepara para atacar o huir. Es la manera que tiene el organismo de protegerse del peligro. Tanto si los acontecimientos son agradables como displacenteros, o si el peligro es real o imaginario, el organismo responderá de la misma manera (preparándose para el ataque o fuga), provocando las siguientes respuestas fisiológicas:
# descarga de adrenalina,
# aceleración de la respiración,
# sequedad bucal,
# aumento en el ritmo cardíaco y de la presión sanguínea,
# sudoración,
# tensión muscular,
# dilatación de las pupilas,
# aumento de la actividad hormonal.
Hoy en día, debido a estar insertos en una sociedad con reglas de convivencia establecidas, las situaciones estresantes no pueden ser resueltas directamente y, por lo tanto, no se puede liberar la tensión física, acumulándose y provocando los síntomas fisiológicos relacionados con el estrés.
Que una persona sufra de estrés implica que el mismo es excesivo, al igual que el esfuerzo que necesita realizar el organismo para sobreponerse al nivel de resistencia que posee para el mismo. El estrés siempre provocará síntomas fisiológicos, independientemente de que sus factores sean psicológicos.
Los problemas que acarrea el sufrir niveles excesivos de estrés por períodos de corta duración, considerables.
Según estudios recientes el estrés:
# debilita el sistema inmunológico,
# aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y cáncer,
# influencia nuestro ánimo y nuestro funcionamiento,
# distorsiona el ciclo normal del sueño,
# contribuye al desarrollo de disfunciones sexuales,
# destruye las relaciones interpersonales,
# produce una sensación general de insatisfacción.
En cambio, si por un largo tiempo se padece de estrés elevado, los efectos pueden ser más severos:
# Fatiga y agotamiento
# Depresión
# Cansancio extremo
# Colapso nervioso
El estrés puede ser causado por el estilo de vida o de trabajo de cada uno, como por el medio que nos rodea y hasta la comida y bebida que ingerimos.
Entre las fuentes del estrés se encuentran:
# Estrés por instinto de conservación.
# Estrés debido a la ansiedad.
# Estrés ambiental.
# Estrés por trabajo y estilo de vida.
# Estrés debido a fatiga y por trabajo en exceso.
Otros aspectos de la personalidad que pueden causar estrés son el perfeccionismo por sus altos estándares imposibles de alcanzar; debido a que una constante atención hacia los demás lleva al propio displacer cuando nadie se fija en las necesidades de esa persona.
La incertidumbre puede causar altos niveles de estrés, como por ej.:el no saber que deparará el futúro, no tener planos definidos en una carrera, no saber que se quiere,o que piensan los demás de uno .
Al estar bajo estrés, cualquier problema pequeño suele ser percibido como difícil e intimidante. Naturalmente, esto alimenta al estrés, haciendo ver a los problemas como peores, y así sucesivamente.
En todos estos casos, junto con la falta de información pueden afectar la capacidad de ejecución
El arte del enfrentamiento del estrés es lograr mantenerse a un nivel de estímulo que sea placentero y saludable para uno mismo.
La toma de conciencia es un proceso por el cual, uno se detiene a observar sus propios pensamientos para darse cuenta de lo que ocurre en la mente durante un momento de alto nivel de estrés.
El tomar conciencia es el primer paso para lograr eliminarlos.
Ante un problema avasallador conviene verlo desde distintos ángulos, ver si se puede aprender algo de esta situación.
Por lo cual la Psicoterapia efectiva para estos casos es la terapia individual,cuyo tratamiento resulta ser simple y confidencial.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
¿Psicoterapia o Psicofármacos?
Hubo un tiempo en que los terapeutas y gran parte de nuestra vasta cultura consideraba a la depresión y a otros conflictos humanos como obsesiones de la mente y del corazón, influenciadas por muchas fuerzas sutiles tanto internas como externas. Sin embargo, durante el último decenio, grandes vientos de cambio intelectual y emocional han tenido lugar. Somos parte de una cultura en la que mucha gente sostiene que sus dolores emocionales son "bioquímicos" y pueden curarse simplemente con una píldora. Ahora la depresión es definida, a vozpopuli, como una enfermedad puramente biológica, tratable —gracias a Dios— por los milagrosos antidepresivos.
Estos puntos de vista, sin embargo son mitos, no verdades. Los descubrimientos científicos más recientes, apartir de los resultados de diversas investigaciones, en el campo de la neurología, no los confirman, ni convalidan. Más bien parecen ser verdades que la publicidad de alcance masivo las ha repetido y reforzado, con la intención de que se consuman antidepresivos y de que este consumo parezca algo tan común e inocente como el de una aspirina. De acuerdo con estos avisos publicitarios, los antidepresivos o psicofarmacos en general, son lisa y llanamente la primera y mejor opción para el tratamiento de la depresión, por ejemplo.
En un encuadre imparcial los antidepresivos serían considerados como una opción válida entre muchas otras; opción que conlleva muchos más riesgos que cualquier terapia. Recién ahora la gente esta tomando conciencia de los efectos secundarios de los antidepresivos, y el futuro podría revelar consecuencias jamás pensadas.
No sólo no se reportan muchos de los efectos secundarios y se los menosprecia sino que los resultados de investigaciones realizadas no confirman el status de milagrosas que, según la imaginación popular, estas drogas tienen. La excesiva confianza que nuestra cultura deposita en estos medicamentos psiquiátricos se basa en una publicidad brillante realizada por una industria con fines de lucro, no en la ciencia. Incluso el resultado de las investigaciones realizadas por las mismas compañias que fabrican los psicofármacos tampoco lo confirman. Los resultados de las investigaciones revelan que estas drogas no son mejores que la terapia y apenas son un poco más eficaces que los placebos.Sin embargo el poder cada vez más creciente que adquiere la perspectiva biológica en las prácticas y discursos de la salud mental sugiere no sólo que existen únicamente explicaciones biológicas, sino también soluciones biológicas perfectas y totalmente libre de riesgos: píldoras simples que ponen fin a todo, desde la depresión leve y la tensión nerviosa hasta ataques de pánico, desórdenes bipolares y psicosis y esquizofrenias bien diagnosticadas.
Frente a tal dilema: ¿Qué debe hacer un terapeuta responsable?: En muchas prácticas actuales, cuidadosamente fundamentadas, se les pide a los Pacientes que realicen una evaluación médico-psiquiátrica como prerequisito antes de iniciar un tratamiento, colocando el uso de psicofármacos en el lugar que les corresponde,ayudando a iniciar el trabajo terapeutico y en consecuencia, favorecer las respuestas terapéuticas,estableciendo un lazo terapéutico beneficioso y un mutuo acuerdo de metas.
Por lo tanto sería la mejor opción posible, que los medicamentos se combinasen con la psicoterapia, dándole a los Pacientes suficiente estabilidad como para
asi crear una especie de tratamiento con efecto de doble incidencia.
Estos puntos de vista, sin embargo son mitos, no verdades. Los descubrimientos científicos más recientes, apartir de los resultados de diversas investigaciones, en el campo de la neurología, no los confirman, ni convalidan. Más bien parecen ser verdades que la publicidad de alcance masivo las ha repetido y reforzado, con la intención de que se consuman antidepresivos y de que este consumo parezca algo tan común e inocente como el de una aspirina. De acuerdo con estos avisos publicitarios, los antidepresivos o psicofarmacos en general, son lisa y llanamente la primera y mejor opción para el tratamiento de la depresión, por ejemplo.
En un encuadre imparcial los antidepresivos serían considerados como una opción válida entre muchas otras; opción que conlleva muchos más riesgos que cualquier terapia. Recién ahora la gente esta tomando conciencia de los efectos secundarios de los antidepresivos, y el futuro podría revelar consecuencias jamás pensadas.
No sólo no se reportan muchos de los efectos secundarios y se los menosprecia sino que los resultados de investigaciones realizadas no confirman el status de milagrosas que, según la imaginación popular, estas drogas tienen. La excesiva confianza que nuestra cultura deposita en estos medicamentos psiquiátricos se basa en una publicidad brillante realizada por una industria con fines de lucro, no en la ciencia. Incluso el resultado de las investigaciones realizadas por las mismas compañias que fabrican los psicofármacos tampoco lo confirman. Los resultados de las investigaciones revelan que estas drogas no son mejores que la terapia y apenas son un poco más eficaces que los placebos.Sin embargo el poder cada vez más creciente que adquiere la perspectiva biológica en las prácticas y discursos de la salud mental sugiere no sólo que existen únicamente explicaciones biológicas, sino también soluciones biológicas perfectas y totalmente libre de riesgos: píldoras simples que ponen fin a todo, desde la depresión leve y la tensión nerviosa hasta ataques de pánico, desórdenes bipolares y psicosis y esquizofrenias bien diagnosticadas.
Frente a tal dilema: ¿Qué debe hacer un terapeuta responsable?: En muchas prácticas actuales, cuidadosamente fundamentadas, se les pide a los Pacientes que realicen una evaluación médico-psiquiátrica como prerequisito antes de iniciar un tratamiento, colocando el uso de psicofármacos en el lugar que les corresponde,ayudando a iniciar el trabajo terapeutico y en consecuencia, favorecer las respuestas terapéuticas,estableciendo un lazo terapéutico beneficioso y un mutuo acuerdo de metas.
Por lo tanto sería la mejor opción posible, que los medicamentos se combinasen con la psicoterapia, dándole a los Pacientes suficiente estabilidad como para
asi crear una especie de tratamiento con efecto de doble incidencia.
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